Publicado 23/06/2016 13:35

Indígenas guaraníes: siglos de persecución, injusticia y lucha

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WIKIPEDIA

   BRASILIA, 23 Jun. (Notimérica) -

   El 14 de junio, el pueblo indígena guaraní-kaiowá sufrió un ataque en el que se produjo la muerte de un trabajador sanitario en el estado de Mato Grosso do Sul (Brasil) a manos de un grupo de paramilitares presuntamente contratados por terratenientes como represalia por la reclamación de tierras por parte de esta comunidad.

   Este no es el primer ataque que sufre este colectivo y, mucho menos, el primero que sufre algún indígena. La relatora especial de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, Victoria Tauli-Corpuz, asegura que en Mato Grosso do Sul es en el estado en el que se registran más asesinatos de indígenas en el país.

   Representan la comunidad indígena más extensa de todo Brasil con cerca de 50.000 miembros, aunque también están presentes en algunas regiones de Paraguay, Argentina y Bolivia.

   Los guaraníes a menudo sufren este tipo de agresiones por parte de los terratenientes, quienes les asesinan y les despojan de las tierras que habitan.

   Estas poblaciones son descendientes de los grupos que habitaban las selvas tropicales situadas en las cuencas del alto Paraná, alto Uruguay y en las fronteras meridionales del altiplano brasileño, aunque protagonizaron diversas migraciones masivas que les condujeron a algunas de las tierras que hoy en día habitan.

EN BUSCA DE LA PAZ

   Las migraciones se dieron por diferentes motivos, uno de ellos fue la búsqueda de la 'tierra sin mal': una tierra fértil y apacible, donde vivir en paz y sin miedo a posibles ataques. Durante cientos de años, los guaraníes han recorrido grandes distancias en busca de esa tierra.

   Buscaban tierras aptas para desarrollar una agricultura basada en la producción de maíz, mandioca, batata, porotos, maní, calabazas y zapallos, bananas, ananás, algodón, tabaco y muchas hierbas medicinales, cuyos excedentes motivaban grandes fiestas y distribución equitativa de productos conforme a una buena economía de reciprocidad y de dones.

   El colonialismo europeo, tanto portugués como español, explotó la mano de obra guaraní, causando muerte y destrucción cultural, situación que se repite en la actualidad, protagonizada por los terratenientes que les arrebatan sus tierras y fragmentan sus territorios.

SIGLOS DE PERSECUCIÓN

   Durante el siglo XVI, los sucesivos contactos entre los conquistadores europeos y los guaraníes estuvieron marcados por una fuerte presencia misionera católica y por las expediciones en búsqueda de esclavos organizadas por los portugueses, principalmente a partir de São Paulo.

   Los territorios ocupados por estos indios fueron objeto de disputas y conflictos permanentes entre el Imperio Español y el Reino de Portugal ya que desde el primitivo Brasil, Portugal permanentemente avanzó hacia el oeste en detrimento del Virreinato del Perú. Los guaraníes representaron la principal riqueza disponible en toda la región, en calidad de mano de obra.

   A partir de los principios del siglo XVII, y por más de un siglo y medio, la administración de los grupos guaraníes fue encomendada a los misioneros jesuitas que fundaron decenas de reducciones en las gobernaciones pobladas por estos indígenas. Las misiones jesuitas guaraníes fueron los lugares de refugio para muchos de ellos, aislados del sistema económico hispanoamericano y autosuficientes.

   Pero con el descubrimiento de los yacimientos auríferos en el actual Mato Grosso a finales del siglo XVII, los guaraníes perdieron interés como fuente de renta, desapareciendo en la mayor parte de los registros históricos.

   No fue hasta ya entrado el siglo XIX cuando se volvieron a tener registros de esta comunidad. En el año 1864, una coalición entre Brasil, Argentina y Uruguay derrotó a Paraguay en la conocida como Guerra de la Triple Alianza, que terminó en 1870 con la derrota paraguaya.

   El fin del conflicto supuso una nueva distribución de los territorios y de las fronteras, provocando que Paraguay perdiera gran parte de sus tierras. Pero no fue el único damnificado.

   Gran parte de los territorios, ocupados para entonces por los guaraníes kaiowá y ñandeva, fueron dejados en concesión a la Compañía Matte Laranjeira, que usaba a estas etnias como mano de obra para conseguir el monopolio de la explotación de la planta del mate.

   Con el fin del monopolio de la Compañía y las migraciones de colonos provenientes principalmente de los estado de São Paulo y Río Grande do Sul, se redujeron, durante el siglo XX, todavía más los territorios a su disposición.

   A partir de 1980 los guaraníes comenzaron a organizarse para reivindicar sus territorios propios en los espacios políticos nacionales, dando vida a movimientos de reivindicación territorial que continúan consolidándose hasta el presente.

LOS GUARANÍES EN LA ACTUALIDAD

   Los episodios de deforestación han convertido el que una vez fuera el fértil hogar de los guaraníes en una extensa red de haciendas de ganado y plantaciones de caña de azúcar que abastecen el mercado brasileño de biocombustibles.

   A lo largo de los últimos 500 años, prácticamente la totalidad de las tierras guaraníes les han sido arrebatadas. Un gran número de ellos se han visto hacinados en pequeñas reservas, muchas de ellas ahora sobrepobladas.

   La destrucción de los bosques ha traído como resultado la imposibilidad de cazar o pescar y disponen de tan poca tierra que casi no es posible el cultivo. La malnutrición constituye un serio problema y desde 2005 al menos 53 niños guaraní han muerto de hambre.

   Además de la escasez y hambre que les amenaza constantemente, estos indígenas siguen sufriendo represalias de aquellos con más recursos y poder. Ejemplo de ello fueron los sucesos de octubre de 2001, cuando más de cien policías y soldados armados forzaron a los indígenas a abandonar su tierra una vez más.

   Apenas cuatro años más tarde, los habitantes de la pequeña comunidad de Ñanderú Marangatú fueron expulsados a punta de pistola por los terratenientes.

RESPUESTA

   Por ello, en ocasiones los guaraníes han luchado violentamente por recuperar las tierras que les fueron arrancadas de las manos, dando lugar a crueles conflictos contra los terratenientes.

   Los mismo Ñanderú, por ejemplo, volvieron a su hogar dispuestos a retomarlo. Ahora viven en una pequeña fracción de aquello que les corresponde legalmente y el área que rodea de forma inmediata al asentamiento es patrullada por pistoleros a sueldo del terrateniente, quienes violaron a dos mujeres guaraníes y asesinaron al líder de la comunidad Semião Vilhalva, de 24 años, en septiembre de 2015.