21 de febrero de 2012

Ex "esclavos" construyen estadios de Mundial Brasil 2014

Por Brian Winter

CUIABA, Brasil (Reuters) - Nivaldo Inacio da Silva tiene una palabra para describir lo que es levantarse a las 6 de la mañana, colocarse un casco y soportar una sofocante temperatura grados en la obra en construcción de uno de los nuevos estadios para el Mundial de fútbol de Brasil 2014: "Libertad".

Da Silva es uno de los 25 hombres en la obra que, en sus empleos previos, trabajaron en condiciones que fueron clasificadas como labores de esclavo por el Gobierno brasileño.

Ahora están ayudando a construir el estadio en la ciudad de Cuiaba, en el oeste del país, como parte de un programa patrocinado por el Estado que prepara ex "esclavos" en habilidades como la carpintería y ayuda a insertarlos como fuerza de trabajo regular.

Al igual que varios de esos hombres, Da Silva dijo que fue atraído para aceptar un empleo de trabajador agrícola y luego obligado a recoger algodón siete días a la semana del amanecer al atardecer a cambio de una paga que nunca recibió.

Da Silva dijo que no pudo escapar por el aislamiento de la finca y sólo pudo irse luego de que un colega logró escapar y alertó a las autoridades.

Ahora, él y otros obreros dicen que están orgullosos de estar al frente y en el centro de los preparativos de Brasil para organizar el Mundial 2014.

"Estoy contento. Ahora tengo la libertad de hacer lo que quiero", declaró Da Silva, de 44 años, quien vive con los otros trabajadores en un hogar temporario suministrado por la compañía y tiene los fines de semana libres.

"Antes teníamos que dormir en la selva. Ahora tenemos un buen calendario de trabajo, buena comida. No hay nada de qué quejarse porque todo ha mejorado en nuestras vidas", agregó.

La historia de cómo Da Silva y los otros llegaron a la obra está arraigada a los retos económicos que afrontó y afronta la nación.

Brasil importó más esclavos africanos que ningún otro país en América, sobre todo para cortar caña de azúcar. Aunque la esclavitud fue abolida formalmente en 1888, aún hay rincones del país, en especial fincas y áreas donde arrasa la selva amazónica, donde las condiciones laborales son similares a las del siglo XIX.

Incluso en la ciudad más grande y moderna de Brasil, Sao Paulo, las autoridades a menudo descubren trabajadores en condiciones de esclavitud en fábricas de producción textil y de vestimenta.

Más de 2.600 personas fueron "rescatadas" de tareas de esclavo en el 2010, según el Ministerio de Trabajo. El Gobierno brasileño ha hecho del problema una prioridad en la última década y expandió la definición de esclavitud en el 2003 para incluir a aquellos obligados a trabajar y a hacerlo en condiciones degradantes.

Programas gubernamentales como el que ubicó a los obreros en el estadio de Cuiaba, que incluyó un período de seis meses de preparación, están contribuyendo a que la esclavitud desaparezca en Brasil, dice Valdiney Arruda, superintendente del Ministerio de Trabajo en el estado de Mato Grosso.

"El mayor desafío usualmente es demostrarles a estas personas que son capaces" de tener trabajos dignos, señaló Arruga. "¿Cómo se deja atrás toda una vida en apenas seis meses? (...) No es fácil, pero lo están haciendo", continuó.

"AHORA TENGO TRABAJO"

Cuando los hombres llegaron por primera vez al estadio en abril del 2011, todos ellos eran analfabetos funcionales, remarcó Simone Ponce, una portavoz del consorcio de empresas que se ocupa de la obra.

Muchos estaban acostumbrados a seguir instrucciones básicas y al comienzo sufrieron las clases cuando los profesores intentaban enseñarles desde lectura básica hasta técnicas de construcción y cómo administrar su dinero.

"Algunos de ellos se frustraron y empezaron a decir cosas como: 'Ser un sirviente estaba bien para mí'", recordó Ponce. "Otros estaban asustados porque nunca habían sido tratados tan bien por un empleador", agregó.

Hoy todavía siguen lidiando con eso. De los 26 inscriptos en el programa, sólo uno lo abandonó y regresó a su casa en la región noreste de Brasil.

Los hombres admitieron que rápidamente reconocieron el valor de lo que se les enseñaba. Durval Fernandes da Silva, de 38 años, dijo que era uno entre 20 hermanos y nunca había tenido la oportunidad de ir a la escuela.

"Todo lo que hice (antes) fue cortar caña de azúcar. Ahora tengo un trabajo. Aprendí mucho y aprendo más cada día", manifestó Fernandes da Silva.

El programa también ha sido útil para las empresas.

Muchas ciudades de Brasil afrontan una severa escasez de mano de obra debido a que años de un gran crecimiento económico ha llevado a trabajadores a alejarse de tareas pesadas como la construcción.

El problema es tan pronunciado en Cuiaba, que está experimentando un gran impulso a través de la soja, que el consorcio se vio forzado a alterar sus planes usando piezas preensambladas en la construcción del estadio.

"Hemos preparado a estos hombres por sí mismos, y como consecuencia hemos recibido una mejor calidad de trabajo", destacó Ponce. "Ahora son como una familia, así que es más probable que se queden que otros. Es casi como un programa de recursos humanos", añadió.

Arruda, el funcionario del Ministerio de Trabajo, explicó el intercambio.

"Lo que ocurre aquí no es caridad. Es un intercambio. La empresa obtiene mano de obra y la sociedad obtiene gente productiva", apuntó.

Las clases para trabajadores terminaron en enero. Ahora son considerados empleados regulares a tiempo completo que trabajan junto a otras 600 personas. Ganan un sueldo mensual de 816 reales (480 dólares) -igual al de sus colegas y un 30 por ciento mayor al salario mínimo de Brasil-, más hospedaje y pensión.

No obstante, el aprendizaje no se ha detenido.

Ponce dice que el consorcio aún está tratando de enseñarle a los trabajadores cosas básicas como ir al dentista cuando les duele algún diente en lugar de quitárselo ellos mismos.

"Hemos cambiado la vida de 25 personas y Dios quiera que cambiemos la vida de sus hijos", anheló Ponce. "Nosotros también hemos aprendido mucho de ellos", concluyó.