14 de agosto de 2009

Estilo Correa anuncia problemas para firmas petroleras Ecuador

Por Eduardo Garcia

QUITO (Reuters/EP) - La amenaza de Ecuador de expropiar los yacimientos de petróleo de las firmas extranjeras es una práctica habitual del presidente Rafael Correa, que busca aumentar los ingresos petroleros en la nación miembro de la OPEP, y su coraje no debería ser subestimado.

El izquierdista Correa, que el lunes inició un segundo mandato presidencial, es un duro negociador que cree poder aterrar a los inversores aumentando la producción y firmando nuevos contratos.

Los comentarios de la semana pasada del vicepresidente, Lenin Moreno, de que el Gobierno asumirá el control de los bloques de petróleo a menos que las compañías aumenten la producción, parecen ser parte de una artimaña para presionar a las firmas extranjeras para que inviertan en el país andino.

"Esta es la estrategia que el Gobierno está usando con efecto de conseguir más en las negociaciones", dijo un ejecutivo petrolero de una compañía con intereses en Ecuador, que pidió no ser nombrado porque no quiere poner en riesgo las conversaciones.

No llevar la inversión a buenos términos ni controlar una caída de la producción sería políticamente costoso para Correa, que ha prometido aumentar el gasto social para los pobres en la nación andina, donde tres presidentes fueron derrocados en una década.

Correa ha dicho varias veces que no tiene intención de seguir el camino de su aliado más cercano, el presidente venezolano Hugo Chávez, de nacionalizar el sector de energía.

Mientras en Ecuador cae el principal producto de exportación, se prevé que el pragmático Correa mostrará algo de flexibilidad en las conversaciones, pero también existe la posibilidad de que decida expropiar los yacimientos en vez de echarse para atrás si las negociaciones no salen de acuerdo a lo esperado.

Después de meses de amenazas el año pasado, que provocaron una caída del precio de los bonos, Correa, un economista educado en Estados Unidos, impactó a los mercados declarando el default en 3.200 millones de dólares de deuda.

Su coraje dio sus frutos: en junio, Ecuador volvió a comprar el bono con un descuento del 70 por ciento después de arrinconar a los inversores, temerosos de arriesgarse demasiado en medio de la desaceleración global.

Correa ha presionado -hasta ahora sin éxito- a las compañías desde que asumió por primera vez en el 2007 para que cedan sus contratos de ganancias compartidas con el Estado y se conviertan en proveedoras de servicios a cambio de un arancel por barril.

El partido de Correa introdujo una prohibición de un año a la exploración minera en el 2008, pero los ejecutivos de la industria dicen que el Gobierno ahora está luchando por asegurarse proyectos de oro y cobre con el fin de diversificar la dependencia del país en las exportaciones de petróleo.

Sus escaramuzas con las compañías petroleras extranjeras de los últimos años incluyen la toma de los activos locales de la firma estadounidense Occidental Petroleum.

Pero ese estilo duro puede ser contraproducente si las compañías deciden que los precios bajos y la incertidumbre por la situación económica convierten a Ecuador en un lugar riesgoso y poco atractivo para invertir.

Un resultado en esta dirección perjudicaría a Correa, cuyo plan de aumentar la inversión pública para ayudar a los pobres depende de los ingresos petroleros.