27 de agosto de 2009

Perú debe elegir entre perder empleos o contaminación

Por Terry Wade

LA OROYA, Perú (Reuters/EP) - Miles de trabajadores están pidiendo al Gobierno peruano que ayude a salvar sus empleos en una fundición de minerales en los Andes de Perú, aún cuando esa instalación convirtió a su pueblo en uno de los más contaminados del planeta.

El sindicato de trabajadores de la fundición de La Oroya, operada por Doe Run Perú, amenazaron con bloquear desde el lunes la principal carretera que lleva hacia el centro del país, salvo que el presidente Alan García actúe con firmeza para poner fin a a meses de crisis.

Pero el futuro de la fundición de metales más diversificada del mundo, un contencioso plan ambiental y 20.000 puestos de trabajo dependen de García y de Ira Rennert, el multimillonario neoyorquino propietario de Doe Run Perú.

La controversia es una de las varias que podrían beneficiar a los candidatos de la oposición tanto de derecha como de izquierda de cara a la elección presidencial del 2011, a la que el actual mandatario no puede presentarse.

La situación de la fundición de Doe Run Perú recrudeció el año pasado luego de que los precios de los metales se desplomaron en medio de la crisis financiera mundial y los bancos le cortaron un préstamo vital para sus operaciones.

Doe Run paralizó sus faenas en junio y un mes después pidió la protección frente a embargos y retenciones de cuentas en el organismo encargado de resolver las insolvencias de empresas.

Los mismos trabajadores y muchos residentes de La Oroya quieren que el Gobierno amplíe el plazo para la culminación del plan ambiental (PAMA), que vence a fines de octubre. Una extensión del mismo le abriría nuevamente las puertas a las líneas de crédito.

"Estamos pidiendo una flexibilización razonable del PAMA", dijo Nazario Flores, abogado del comité de defensa de La Oroya.

"Si la planta es paralizada permanentemente habría un caos acá", advirtió.

Hasta el momento, García se ha mantenido al margen diciendo que primero Rennert debe ofrecer garantías para demostrar que culminará el plan de limpieza que ambientalistas han demandado por años.

La planta, inaugurada en 1922 y adquirida por Doe Run en 1997, es la mayor fuente de polución del pueblo, considerado uno de los 10 más contaminados del mundo, según el grupo ambiental Blacksmith Institute.

Muchos residentes de La Oroya tienen altos niveles de plomo y arsénico en su sangre.

"Obviamente hasta que no se culmine el PAMA y tengamos emisiones, y eso es parte del compromiso de la empresa, hay un grado de responsabilidad", dijo José Bengoa, vicepresidente de operaciones de Doe Run Perú.

"Pero ya estamos cumpliendo con los límites máximos permisibles en todo caso, eso ha menguado y estamos hablando de los últimos 12 años, ¿qué hay de los 67 años anteriores? No se ha trabajado nada sobre eso", añadió.

HISTORIA DE DESCONFIANZA

En un intento por ahorrar efectivo, la compañía dejó de invertir dinero en diciembre durante la fase final del plan ambiental, con el que busca reducir las emisiones contaminantes.

La instalación suspendió el refino de minerales cuando la deuda de Doe Run con sus proveedores trepó a 110 millones de dólares y la empresa se quedó sin efectivo para comprar concentrados.

Para poder reanudar sus labores necesita que su matriz le inyecte capital o que algún banco le preste dinero, pero nadie lo quiere hacer hasta que el Gobierno no extienda el plazo del plan ambiental.

Hasta ahora, el Gobierno se ha negado a ampliarlo argumentando que le podría dar un tiempo adicional si Doe Run pone en garantía el 100 por ciento de sus acciones.

Eso ha llevado a un estancamiento, en el que la compañía, los trabajadores y hasta los residentes que han sufrido por años la contaminación, le piden al Gobierno que sea flexible. Algunos lo catalogan como "un mal necesario".

Doe Run afirma que necesitará una extensión de 30 meses para construir y pagar por un sistema de captura de dióxido sulfúrico para su planta de cobre, o la mitad de ese plazo si logra un crédito.

"No quisiéramos que cierre la empresa, que siga, pero tampoco queremos contaminación", dijo Mónica Ayala, de 40 años, quien vive frente a la fundición y tiene tres hijos que sufren alergías.

Desde que compró la planta al Gobierno peruano en 1997, Doe Run Perú afirma que ha recortado en un 80 por ciento las emisiones de plomo y arsénico, así como los desechos industriales que vierte en un río cercano.

Sin embargo, tras 87 años de polución, los pobladores aún desconfían.

"Nos consideran un problema porque nos quejamos", dijo Meliton Rivera, de 42 años, quien reside cerca del río cercano a la fundición.

Dos de sus cuatro hijos presentan niveles elevados de plomo y arsénico en la sangre.

GARCIA EN APRIETOS

En varios kilómetros alrededor de la planta, pueden encontrarse altos niveles de plomo, a entre 10 y 12 centímetros sobre la capa del suelo, según ha dicho la empresa citando estudios gubernamentales.

Los niños están expuestos a eso cuando juegan en el suelo, donde también se crían a los pollos y ovejas que luego son digeridas por la población.

Doe Run dice que el Gobierno es responsable por la limpieza de la contaminación emitida antes de que comprara el complejo de La Oroya, y que ahora reposa dentro de un estrecho cañón que rodea el pueblo.

En tanto, la compañía dice que ha invertido 307 millones de dólares en remediar la contaminación y que necesita 150 millones de dólares más, a la vez que acusa al Gobierno de no dar el brazo a torcer en el plan ambiental.

Mientras el tira y hala continúa, García ha permanecido callado sobre los pedidos de la estatización de la empresa, porque si lo hace, podría chocar con su política pro mercado.

García ha criticado a los líderes izquierdistas de Venezuela y Bolivia de tomar el control de algunas empresas, y una medida como esa achacaría al país más responsabilidades ambientales.

Para García, cuya popularidad no supera el 30 por ciento y enfrenta una desaceleración de la economía local, darle a Doe Run una extensión podría enojar a los defensores del medio ambiente.

Además, si otorga un rescate financiero a la empresa podría ser tachado de ser demasiado condescendiente con Rennert, quien posee una de las casas más grandes de Estados Unidos.

Rennert, por su parte, se ha negado a inyectar más dinero a Doe Run Perú.

Tras haber comprado la planta, Perú le prohibió recibir ganancias por sus operaciones hasta que no cumpla con todas las normas ambientales. Funcionarios de la empresa han dicho que antes del auge que gozaron los precios de los metales entre el 2006 y el 2007, la fundición perdió dinero por años, hasta que fueron modernizados sus equipos.

Pero aún cuando Doe Run haya culminado su plan ambiental, los cerros de La Oroya seguirán estando contaminados.

"La verdad es que acá no hay solución", lamentó Sofía Eunicia Quinta, de 32 años. Uno de sus cuatro hijos tiene 43 microgramos por decilitro de sangre, cuatro veces el nivel considerado seguro.

(Informe adicional por Patricia Velez y Teresa Céspedes. Editado por Marcel Deza)