La alegría marchita de Nicaragua

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< 17 de julio de 2018 REUTERS / OSWALDO RIVAS

   MANAGUA, 17 Jul. (Notimérica) -

   Una estela de muerte y sufrimiento quedó tras Anastasio Somoza Debayle la noche del 17 de julio de 1979, cuando el dictador nicaragüense decidió, finalmente, abandonar Managua y huir a Miami (Estados Unidos) después de gobernar el país de manera opresiva durante cinco años.

Dejando al país sumido en una profunda crisis, Somoza se llevó los restos de su padre y su hermano, sustraídos de sus tumbas y depositados en cajas metálicas, en un avión privado. El pueblo se levantó triunfante esa noche y expectante de un clamor democrático.

   Desde entonces, cada 17 de julio el pueblo nicaragüense sale a las calles para conmemorar su fiesta grande y recordar su liberación de los somocistas, la recuperación de la democracia y su desvinculación definitiva con Estados Unidos. ¿También este año?

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   El premio Cervantes de las Letras 2018, el escritor y periodista nicaragüense Sergio Ramírez, recordaba hace escasos días en el diario español 'El País' la tarde del 23 de julio de 1959 en la calle León de Managua, cuando se convirtió en superviviente de una masacre que acabó con la vida de varios de sus compañeros estudiantes en manos de soldados del ejército de la familia Somoza.

   "Era una manifestación de protesta, y ya nos retirábamos hacia la universidad cuando estallaron las bombas lacrimógenas, y a los primeros disparos de los fusiles comencé a correr [...]. En absoluta inconsciencia me asomé por el balcón y vi a los soldados colocados en tres filas: de pie, de rodillas y acostandos en el suelo, los fusiles humeantes. El de la ametralladora, echado en la acera de la esquina. En el pavimento, los cuerpos desperdigados", escribe.

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   "Fueron cuatro muertos y más de 70 heridos aquella tarde", recuerda Ramírez, quien sentencia su artículo asegurando que "Ayer es hoy, multiplicado". Este sábado, fuerzas paramilitares presuntamente respaldadas por el Gobierno de Daniel Ortega acabaron con la vida de dos personas en un asedio contra la iglesia Jesús de la Divina Misericordia de Managua en la que estudiantes habían buscado refugio.

   Desde el mes de abril, cuando se registraron los primeros altercados en Nicaragua contra medidas del Ejecutivo de Ortega, y hasta este fin de semana, son más de 350 los muertos registrados, más de 300 de ellos civiles. Además, se estima que ha habido 329 secuestrados, de los que 261 están aún en cautiverio, y más de 2.000 heridos. Así, no es mucha la alegría.

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   El mismo que orquestó un gobierno revolucionario en la década de los 80 en el país centroamericano, líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y autoproclamado defensor de la igualdad social y de los derechos sociales por encima de todo, es hoy quien se enfrenta a las nuevas generaciones de estudiantes y jóvenes que, como él hizo en su momento, luchan por acabar con un "régimen opresor".

   Él luchó por derrocar al dictador Anastasio Somoza y parece que otros luchan como lo hizo él para sacarlo del poder. Tras 11 años de mandato, Daniel Ortega y la vicepresidenta Rosario Murillo, su esposa, han cosechado la furia y el odio de los ciudadanos, especialmente tras rechazar la propuesta de la Conferencia Episcopal de Nicaragua --la cual trata de mediar entre el Gobierno y los manifestantes-- de celebrar elecciones anticipadas en el mes de marzo.

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   Las protestas, que en un primer momento fueron pacíficas, han comenzado a llenarse de piedras, cócteles molotov o morteros caseros que tratan de hacer frente a los agentes y paramilitares armados. La violencia, que ya recuerda a los graves conflictos vividos en pasado año en Venezuela, ha tensado la situación hasta el máximo, y cada día es mayor. El estallido, si es que no se ha dado ya, es casi inmediato.

   Como indica Alberto Barrera Tyszka en 'The New York Times', "la represión salvaje con la que el gobierno ataca las protestas ha activado, internamente en Nicaragua, una memoria que todavía la comunidad internacional no parece ponderar en su justa urgencia". Hoy, martes 17 de julio, Día de la Alegría en Nicaragua, la Organización de Naciones Unidas se ha pronunciado sobre los hechos que acontecen en el país centroamericano, llamando al cese de la violencia.

   Hoy, Día de la Alegría en Nicaragua, pocos estarán felices por la alegría marchita.