14 de agosto de 2014

Cuatro muertes que marcaron la escena política brasileña

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SAO PAULO, 14 Ago. (Notimérica/EP) -

   La muerte del candidato del Partido Socialista de Brasil (PSB) a la Presidencia del país, Eduardo Campos, ha supuesto un duro golpe para la esperanza política de sus seguidores y ha avivado el recuerdo de otros políticos que también murieron de forma inesperada.

   El cuatro veces presidente de Brasil, Getúlio Dornelles Vargas, se suicidó con un tiro en el corazón en 1954, después de una de las más polémicas presidencias de la historia del país y tras lograr mantenerse en el poder como dictador después de un golpe de Estado en 1937, durante lo que fue denominado el Nuevo Estado, y que acabó en 1945.

   A pesar de las condiciones de una dictadura, Vargas fue una figura bastante popular, debido en gran medida a los cambios que hizo en la ley laboral de Brasil, favoreciendo a los trabajadores e instituyendo un sueldo base.

   Sin embargo, después de volver al poder en 1951, esta vez a través de elecciones directas, su Gobierno tuvo que enfrentarse a las constantes denuncias por corrupción. Sus ministros le aconsejaron dejar el cargo, pero en lugar de eso, Vargas optó por quitarse la vida.

   Otra muerte inesperada fue la del visionario presidente Juscelino Kubitschek de Oliveira, que gobernó de 1956 a 1961. Brasil experimentó durante su presidencia un incremento de la industrialización, algo que derivó en la subida desmesurada de la inflación, pero que supuso numerosas obras públicas y la construcción de Brasilia, de la mano del arquitecto y amigo del presidente, Oscar Niemeyer.

   Su idea de Brasilia consistía en poblar el interior del país y descentralizar la política que, hasta el momento, era regida desde Sao Paulo y Río de Janeiro. Por esto, recibió innumerables críticas, al mismo tiempo que enseñó al mundo que Brasil tenía voluntad de crecimiento.

   Después de ser elegido presidente, abandonó su cargo en 1961, siendo sucedido por el Gobierno de Jânio Quadros. Kubitschek quiso presentarse de nuevo a la presidencia, pero el golpe militar de 1964 se lo impidió, y le obligaron a exiliarse hasta el año 1967.

   Sin embargo, murió en un accidente de coche el 22 de agosto de 1976, aunque algunos apuntan que fue un asesinato cometido por la dictadura. La Comisión de la Verdad, creada por la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, para investigar los crímenes de esta época, ha confirmado que no fue un asesinato.

   Brasil también lloró la muerte de Tancredo Neves, el abuelo de Aécio Neves, candidato a la presidencia en las elecciones del próximo mes de octubre, que fue el primer presidente civil elegido en 1960, pero falleció justo antes de tomar posesión del cargo. Entonces, también surgieron muchas teorías de conspiración, aunque el motivo del fallecimiento de Neves fue una enfermedad.

   Otro político que tuvo una muerte inesperada fue Ulysses Guimarães, quién luchó por la democratización de Brasil durante la dictadura y ejerció un importante papel en la creación de la Constitución brasileña de 1988. En 1992, como congresista, participó en el juicio del ex presidente Fernando Collor de Melo, pero este mismo año un trágico accidente de helicóptero truncó su vida.

   Guimarães y el ex senador Severo Gomes, ambos acompañados de sus respectivas esposas viajaban en un helicóptero que cayó en Angra dos Reis, Río de Janeiro. Todos murieron, incluido el piloto. El accidente conmocionó al país, principalmente debido a que el cuerpo de Ulises Guimarães jamás fue encontrado.

   Ahora, Brasil llora la muerte de Eduardo Campos, una muerte que llega a menos de dos meses de las elecciones que decidirán si Dilma Rousseff seguirá al frente de Brasil o si los brasileños querrán cambios.

   Este miércoles Brasil ha perdido a una de las figuras más importantes del panorama político. La muerte de Campos, que aparecía en tercer lugar en las encuestas, cambia todo el pronóstico que se tenía hasta el momento.

   En un plazo de 10 días su partido tendrá que decidir si Marina Silva, vicecandidata de Eduardo Campos, asumirá la candidatura a la presidencia o si se designará otro político para el cometido. Lo cierto es que de una manera u otra este trágico suceso cambia drásticamente el sentido de las elecciones de 2014 en Brasil.

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