5 de agosto de 2009

Narcotraficantes guatemaltecos presumen de apoyo local

Por Sarah Grainger

LA REFORMA, Guatemala (Reuters/EP) - Residentes de un empobrecido pueblo de Guatemala se unieron para respaldar a una familia que Estados Unidos acusa de traficar con drogas, pero que es respetada localmente por proveer alimentos, empleos y medicinas a los necesitados.

Guatemala se ha convertido en una importante ruta de tránsito para los narcóticos, que son enviados al norte de México para ser contrabandeados hacia Estados Unidos, y en pequeños poblados como La Reforma, los capos del narco han llenado el vacío dejado por gobiernos negligentes.

El tráfico de drogas en la nación centroamericana es dirigido por poderosas familias, que pueden ejercer un vasto control sobre sus territorios.

Cientos protestaron recientemente en La Reforma en favor de la familia Lorenzana, luego de que policías, soldados y oficiales de la agencia antidrogas estadounidense, la DEA, intentaron arrestar ahí el mes pasado algunos de sus miembros, acusados de trabajar con el temido cártel mexicano del Golfo.

"La familia Lorenzana genera trabajos para el pan de día de todos los pobres. Te apoyamos de corazón", podía leerse en una manta llevada por uno de los manifestantes.

"La mayoría de la gente trabaja como meloneros o en tabaco para la familia y si no hay este trabajo no hay comida o medicina", dijo Miguel Saguil, mientras se manifestaba frente a una de las lujosas casas de los Lorenzana.

La tierra en La Reforma, un caliente y polvoriento lugar en el este de Guatemala, es poco fértil y la región tiene una de las mayores tasas de hambruna del país. Las cosechas de maíz o frijoles no siempre alcanzan para alimentar a las familias.

El Gobierno ofrece escaso apoyo, y muchos temen que sus fuentes de trabajo desaparecerán si los Lorenzana son arrestados. En la acción policial del mes pasado, la DEA traía órdenes de arresto estadounidenses contra varios de ellos.

Pero el patriarca de la familia, Waldemar, tres de sus hijos y otros dos hombres ligados a la familia ya habían huído mucho antes de que llegaran los helicópteros de las fuerzas de seguridad, muy posiblemente advertidos de la operación.

Ovaldino Lorenzana, un cuarto hijo que no está en la lista de perseguidos por la DEA, afirmó que su familia se ha hecho rica de forma legítima, mediante agricultura y construcción.

"Somos agricultores, producimos café pero tanto ha sido el odio contra nosotros que hasta nos han bloqueado las finanzas", afirmó, mientras paseaba cerca de la alberca de su jardín. La familia tiene un estilo de vida ostentoso, con autos blindados y mascotas exóticas como venados, guacamayas y un mono.

AMPLIO APOYO

Las autoridades de Guatemala dicen que Waldemar Lorenzana encabeza la operación, mientras que sus hijos organizan la recepción de los alijos de droga en la costa del Pacífico, y su envío hacia México.

La policía dice que los Lorenzana se aprovechan del apoyo regional de que disfrutan para recibir información, lo que hace difícil capturarlos.

"Es la primera vez que abiertamente manifiesta un grupo a favor de sospechosos que participan en el tráfico de droga", dijo a Reuters el portavoz de la policía Donald González, quien añadió que otras familias de narcos, como en Morales en el caribeño departamento de Izabal, también han logrado el apoyo popular en sus territorios.

Un trabajador de una agencia de ayuda alimentaria internacional en el oriente de Guatemala admitió que a veces los capos de la droga pueden proporcionar un apoyo más directo a los más pobres que el Gobierno o las agencias de ayuda.

"Tiene conexión con el lavado de dinero y eso permite la generación de puestos de trabajo (...) con construcción de escuelas o mejoramiento de las mismas y apoyo con el entierro de sus muertos. Eso se convierte en una práctica para ganar apoyo", dijo Lizardo Bolaños, un economista de Guatemala.

En marzo del año pasado, un tiroteo en las cercanías de La Reforma dejó 11 muertos. Ocho meses después, los restos calcinados de 15 nicaragüenses y un holandés fueron hallados dentro de un autobús, donde se sospechaba que llevaban drogas.

Pero los residentes están agradecidos por la ayuda.

"Tengo un hijo que está enfermo y ellos pagan la medicina, tengo otro que está en el seminario mayor y le ayudan con una beca", dijo Edelmira Hernández, madre de ocho hijos.