29 de febrero de 2020

Sudán del Sur.- El Gobierno de unidad abre una nueva era en Sudán del Sur marcada por los desafíos

En un país devastado por la guerra, Kiir y Machar tienen que demostrar que pueden trabajar juntos

Sudán del Sur.- El Gobierno de unidad abre una nueva era en Sudán del Sur marcada por los desafíos
Sudán del Sur.- El Gobierno de unidad abre una nueva era en Sudán del Sur marcad - PRESIDENCIA DE SUDÁN DEL SUR

MADRID, 29 Feb. (EUROPA PRESS) -

Sudán del Sur empieza a ver la luz al final del túnel. El país más joven del mundo se vio inmerso en una guerra civil apenas dos años después de su independencia en 2011 de la que trata de salir ahora con la creación de un gobierno de unidad que aglutina a los dos principales protagonistas de la corta historia como estado, el presidente Salva Kiir y quien por tercera vez es su vicepresidente, Riek Machar.

El Gobierno de transición, que deberá llevar al país a la celebración de sus primeras elecciones en tres años, era uno de los puntos previstos por el acuerdo de paz firmado entre Kiir y varios grupos armados, incluido el de Machar, en septiembre de 2018, si bien su creación tuvo que ser aplazada en dos ocasiones, en mayo y noviembre de 2019.

Finalmente, y gracias a la presión de los líderes de la región y, en particular de la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD), así como de otros países como Estados Unidos, el acuerdo fue posible, después de que tanto Kiir como Machar hicieran dos importantes concesiones.

En el caso del primero, abandonó su exigencia de mantener los 32 estados en que estaba dividido ahora Sudán del Sur --un punto que amenazaba con hacer descarrilar la creación del gobierno-- y aceptó volver a los diez estados originales, si bien introdujo tres zonas administrativas adicionales --Gran Pibor, Abyei y Ruweng--.

Por su parte, Machar ha accedido a volver a Yuba pese a que no se ha cumplido su exigencia de que haya una misión de la ONU que garantice su protección. A este respecto, Kiir se ha comprometido "personalmente" a que sus fuerzas protegerán al principal líder rebelde por el momento, hasta que se pueda crear un ejército unificado.

"Esta es la mayor diferencia entre ahora y el acuerdo de 2015", destaca Alan Boswell, analista sobre Sudán del Sur en International Crisis Group (ICG), en declaraciones a Europa Press. Tras aquel primer acuerdo de paz, Machar regresó a Yuba con sus fuerzas y en el verano de 2016 estallaron nuevos combates que echaron por tierra lo pactado, provocando un recrudecimiento del conflicto.

KIIR Y MACHAR TIENEN QUE TRABAJAR JUNTOS

Para Boswell, el "primer desafío" al que se enfrenta el nuevo gobierno es que tanto Kiir como Machar "deben demostrar que pueden trabajar juntos y como mínimo no devolver al país al conflicto". En este sentido, reconoce que "no pilla por sorpresa" el hecho de que ya hayan surgido algunas desavenencias entre ambos respecto al reparto de ministerios.

Por otra parte, el experto de Crisis Group también considera "prioritario" el diálogo con los grupos armados que no firmaron el acuerdo de paz, en particular con el comandado por Thomas Cirillo, el más activo.

Tanto el Gobierno como estos grupos, aglutinados en la Alianza de Movimientos de Oposición de Sudán del Sur (SSOMA), ya han entablado contactos en Roma con la mediación de la Comunidad de Sant'Egidio y de hecho los grupos armados acordaron un alto el fuego en vigor. "Parece que ambas partes están dispuestas a seguir adelante", destaca.

Otro de los retos que el nuevo Ejecutivo tendrá que abordar será el de la unificación de fuerzas, un proceso que a priori debería haberse completado antes de la creación del nuevo Gobierno. "Sudán del Sur nunca ha tenido un ejército nacional unificado desde su independencia", incide Boswell, que resalta la dificultad de este proceso de aglutinar a 83.000 efectivos y da por seguro que "llevará varios años".

Asimismo, el experto de Crisis Group considera fundamental que tanto la IGAD como los líderes regionales, en su calidad de garantes del acuerdo de paz, sigan apoyando a Sudán del Sur en este periodo de transición que acaba de comenzar y en el que "seguro que se producirán sobresaltos", con el fin de "mantener encarrilado" el proceso y "mediar" entre Kiir y Machar.

EL TRIBUNAL HÍBRIDO DEBE COMENZAR A FUNCIONAR

Desde el punto de vista de los Derechos Humanos, el país se enfrenta a tres grandes desafíos, en opinión de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet. El primero de ellos es el de la justicia. Según destacó durante su intervención de esta semana ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, "el Gobierno debería dejar de retrasar el Tribunal Híbrido y apoyar investigaciones y procesamientos por parte de instituciones nacionales independientes" de los abusos cometidos durante los seis años de conflicto.

Además, el nuevo Ejecutivo debe abordar "de forma urgente la violencia intercomunitaria" y en tercer lugar, según Bachelet, se deben levantar las restricciones a las libertades fundamentales, además de poner fin al "acoso, arresto arbitrario y vigilancia de personas o grupos considerados críticos con el Gobierno".

En Human Rights Watch (HWR) coinciden con Bachelet en que es prioritario el que haya "progresos concretos" en lo relativo al Tribunal Híbrido que ya contemplaba el acuerdo de paz de 2015, conformado por jueces de la Unión Africana y sursudaneses, empezando por la aprobación de la legislación necesaria y los mecanismos para su puesta en marcha.

En declaraciones a Europa Press, su directora asociada para África, Jehanne Henry, también reclama una reforma inmediata del Servicio Nacional de Seguridad (NSS) que "desde hace años ha venido realizando detenciones arbitrarias y sometiendo a abusos a los detenidos".

"La situación es frágil y el Gobierno tiene que actuar rápidamente para demostrar que es serio" ya que "tiene una larga lista" de tareas que llevar a cabo en materia de Derechos Humanos, añade Henry. "Esperemos que haya algunos progresos estas vez porque los sursudaneses están cansados y realmente se merecen la paz", remacha.

IMPORTANTES NECESIDADES HUMANITARIAS DE LA POBLACIÓN

Seis años de conflicto en un país que estaba empezando a recuperarse tras más de dos décadas de guerra para independizarse de Sudán se han cobrado un fuerte peaje desde el punto de vista humano. Hasta 400.000 personas habrían muerto en este periodo, una cifra significativa habida cuenta de que el país tiene unos 12 millones de habitantes.

Además, 2,2 millones de sursudaneses se han refugiado en los países vecinos mientras que 1,5 millones permanecen desplazados dentro del país. Esta misma semana, Kiir les ha invitado a regresar pero dadas las circunstancias no parece previsible que haya un retorno masivo inmediato, ya que actualmente hay 7,5 millones de sursudaneses necesitados de ayuda.

La ONU y las ONG están especialmente preocupadas por la inseguridad alimentaria, ya que hay 5,5 millones de personas que actualmente pasan hambre. "Pese a cierta mejora, el nivel de hambre en Sudán del Sur sigue siendo inmenso", reconocía recientemente la directora de campañas de Oxfam en el país, Elysia Buchanan.

"Las recientes inundaciones, que afectaron a casi un millón de personas, están teniendo un impacto devastador en las comunidades vulnerables y ahora la llegada de las langostas del desierto podrían empeorar las cosas para otros muchos", subraya, incidiendo en que el país aún necesitará "años para recuperarse".

El Consejo Noruego para los Refugiados (NRC) también comparte la preocupación por el impacto que la plaga de langostas pueda tener en un país ya de por sí devastado. Su director para Sudán del Sur, Alexander Davey, cree que "la formación del nuevo Gobierno presenta una oportunidad para comenzar a trabajar hacia una paz y una reconciliación que hasta ahora se han mostrado esquivas".

El Gobierno de unidad, resume el presidente de la Comisión de la Unión Africana, Moussa Faki Mahamat, "es solo el paso inicial hacia un proceso de reformas que requerirá un liderazgo firme, colegiado y transparente". "El pueblo de Sudán del Sur ha sufrido suficiente guerra y desplazamiento y se merece un país seguro y pacífico", concluye.