13 de mayo de 2007

CELAM.- Benedicto XVI asegura en el Santuario de Aparecida que "vale la pena ser fieles"

El Papa dice que la coherencia en la fe necesita de "una sólida formación doctrinal y espiritual"

APARECIDA (BRASIL), 13 May. (de la enviada especial de EUROPA PRESS, Laura Caldito) -

El Papa Benedicto XVI se dirigió hoy a los hombres y mujeres de América Latina para asegurarles que "vale la pena ser fieles", porque quien acepta a Cristo "tiene asegurada la paz y la felicidad, en esta y en la otra vida". Asimismo, el Santo Padre insistió, tras el rezo del Rosario en la Basílica de Nossa Senhora de Aparecida, aseguró que la coherencia en la fe necesita "una sólida formación doctrinal y espiritual" que contribuya a la construcción de "una sociedad más justa, más humana y más cristiana".

"Queridos hombres y mujeres de América latina, sé que tenéis sed de Dios", dijo el Papa ante las alrededor de 35.000 personas que permanecían dentro del santuario, después del rezo, en español. "¡La Iglesia es nuestra casa!¡En la Iglesia católica tenemos todo lo que es bueno, todo lo que es motivo de seguridad y consuelo!", aseguró el Santo Padre, insistiendo en que "quien acepta a Cristo en su totalidad tiene garantizada la paz y la felicidad, en esta y en la otra vida".

"¡Vale la pena ser fieles, vale la pena perservar en la propia fe!", aclamó Benedicto XVI, también en español, si bien advirtió de que "la coherencia en la fe necesita también una sólida formación doctrinal y espiritual, contribuyendo así a la construcción de una sociedad más justa, más humana y cristiana". Antes, el Papa había lanzado un mensaje en portugués a los sacerdotes, los diáconos, los seminaristas, los consagrados y las consagradas.

A los sacerdotes les pidió que continúen viviendo "de modo digno la vocación" que recibieron, porque "el testimonio de un sacerdocio bien vivido dignifica a la Iglesia, suscita la admiración en los fieles, es fuente de bendición para la Comunidad, es la mejor promoción vocacional, es la más auténtica invitación para que otros jóvenes también respondan positivamente a los llamados del Señor".

De los diáconos y seminaristas, destacó su "jovialidad, entusiasmo, idealismo y ánimo para enfrentar con audacia los nuevos desafíos", que "renuevan la disponibilidad del Pueblo de Dios, vuelven a los fieles más dinámicos y hacen crecer a la Comunidad Cristiana, progresar, ser más confiados, felices y optimistas". "Rezo para que seáis, si Dios quiere, sacerdotes santos, fieles y felices sirviendo a la Iglesia", dijo, entre las aclamaciones, que le hicieron interrumpir en varias ocasiones su discurso

"Un regalo, un don divino que la Iglesia recibió de su Señor", así se refirió Su Santidad a los congregados y congregadas. "Ese amor sin reservas, total, definitivo, incondicional y apasionado se expresa en el silencio, en la contemplación, en la oración y en las actividades más diversas que realizáis, en vuestras familias religiosas, en favor de la humanidad y principalmente de los más pobres y abandonados", agregó.

"VIDA RELIGIOSA MARCANTE"

Para el Papa, "la vida religiosa en Brasil siempre fue marcante y tuvo un papel destacado en la obra de la evangelización, desde los primordios de la colonización". Por ello, a todos los que se encontraban en el interior del templo, y a los que no pudieron entrar y siguieron el Rosario desde el exterior, les invitó a "volverse profundamente misioneros y llevar la Buena Nueva del Evangelio por todos los puntos cardinales de América Latina y del mundo".

El Papa dedicaba estas palabras a todas las personas que habían acudido para orar junto al Santo Padre al Santuario de Nossa Senhora de Aparecida, una de las mayores basílicas dedicadas a la Virgen del mundo. Durante todo el día, miles de personas soportaron largas filas bajo el sol para poder acceder al templo y rezar el Rosario junto a Su Santidad, que antes de su llegada a la ciudad manifestó su deseo de pasar algún tiempo de oración dentro del Santuario Nacional. Cientos de personas no pudieron acceder a su interior y tuvieron que seguirlo desde fuera.

A todos ellos, y al pueblo brasileño en general, les agradeció su acogida y su hospitalidad. "¡Desde que llegué aquí fui recibido con mucho cariño!", aseguró el Papa, que recordó cómo su predecesor, Juan Pablo II, se refirió varías veces a la "simpatía y espíritu de acogida fraterna" de los brasileños. "¡El tenía toda la razón!", dijo, entre fuertes aplausos.