25 de noviembre de 2015

La crisis brasileña se ceba con la educación

En São Paulo los alumnos ocupan más de 150 escuelas y en Río ha cerrado una universidad

La crisis brasileña se ceba con la educación
ROVENA ROSA/AGÊNCIA BRASIL

RÍO DE JANEIRO, 25 Nov. (Notimérica) -

La crisis que azota a Brasil se nota desde hace meses en el sector educativo, aunque la grave situación a la que se enfrenta el sector ha ganado visibilidad en las últimas semanas debido a las protestas de alumnos de São Paulo, indignados con el cierre de 93 escuelas que ha propuesto el gobernador del estado, Geraldo Alckmin.

El cierre se enmarca dentro de una propuesta del Gobierno de São Paulo para reestructurar todo el sistema con la intención de que algunas escuelas se centren en dar clases de determinados ciclos: esto afectaría al 1,8 por ciento escuelas del estado --1.464 unidades en total-- y obligaría a cambiarse de colegio a 311.000 alumnos.

Desde que se lanzó la idea a finales de septiembre alumnos, padres y profesores se pusieron en pie de guerra y en las últimas semanas las protestas se han convertido en 'ocupaciones' que han paralizado las clases; más de 150 escuelas, según el movimiento, están tomadas por los estudiantes para evitar que se clausuren.

A pesar de los intentos de diálogo la situación no se desencalla, sino todo lo contrario: el Gobierno pidió a la Justicia que autorizara la acción de la policía para desalojar a los alumnos, pero el Tribunal de Justicia de São Paulo ha remarcado esta semana que eso no es posible, ya que el Gobierno no ha perdido en ningún momento el control sobre ellas, aludiendo además al legítimo derecho de manifestación.

En Río de Janeiro la situación no es mejor; la Universidad Estadual de Río de Janeiro (UERJ) anunció este lunes que cerraría sus puertas durante al menos una semana porque no tiene dinero para pagar a los trabajadores externos que se encargan de la limpieza, entre otras tareas: "Situación de insalubridad", aseguró el rector, Ricardo Vieralves, para justificar el cierre.

UNA ASIGNATURA PENDIENTE.

Los sucesivos años de gobiernos del PT, primero con Luiz Inácio Lula da Silva y después con Dilma Rousseff, se tradujeron en importantes mejoras en el sector educativo, con la construcción de decenas de nuevas universidades y un fuerte impulso a la formación profesional, sobre todo gracias al programa 'Pronatec'.

Pero los esfuerzos parecen no haber sido suficientes. Consciente de que la mejora en el sistema educativo es una de las principales demandas de la población Rousseff bautizó su segundo mandato con el lema 'Brasil, patria educadora', lanzando el mensaje de que esa sería una de sus prioridades.

Sin embargo, al poco de llegar al Gobierno empezó la fase de austeridad y los consiguientes ajustes, siendo el Ministerio de Educación fue uno de los más afectados: el pasado mes de mayo sufrió un tijeretazo de 3.000 millones de dólares cuyas consecuencias empiezan ahora a ser más que evidentes.

Aún así, se da la paradoja de que Brasil es uno de los países que más proporción de gastos públicos dedica a la educación, el 17,2 por ciento del presupuesto global, según un reciente informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) con datos de 2012.

El mismo estudio destaca que en 2012 Brasil dedicó a la educación un 5,6% del PIB del país, un porcentaje considerablemente mayor que la media de la OCDE --4,7 por ciento-- y el quinto más alto de entre los países estudiados, aunque el reparto es desigual.

Se calcula que la enseñanza superior recibe 3,4 veces más recursos que la educación básica en las escuelas e institutos, lo que genera un problema crónico entre los jóvenes brasileños: son los más ricos los que acceden a las mejores universidades públicas, ya que son los que han podido prepararse en los institutos privados, bastante mejores que gestiona el Estado.

Eso crea un 'tapón' que hace que la población con menos medios no consiga acceder a la universidad, a pesar de que ésta sea pública y en muchos casos gratuita.

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