11 de octubre de 2016

Las niñas invisibles de Iberoamérica

   MANAGUA, 11 Oct. (Notimérica) -

"Ser niña es ser invisible", decía la pasada semana Brisa Isela Bucardo, una joven nicaragüense de 16 años que visitó España junto a sus compañeras Yadis Xiomara Chocó (15 años, Colombia), Sabina Shrestha (17 años, Nepal) y Shatabdi (15 años, India) para contar la lucha que lleva a cabo en su país con el fin de reivindicar los derechos de las niñas y empoderar a las mujeres y adolescentes.

   Brisa, que proviene de una zona indígena, ve en su Nicaragua natal cómo es infravalorada frente a los varones de la comunidad. "Ser niña ahí significa cuidar a los hermanos, cocinar, hacer los quehaceres del hogar. Ser niña significa servirle al hombre, tener hijos, ser una buena madre de familia y enseñarle a sus hijas lo que le enseñaron a ella", lamentó durante su visita.

   Al igual que sus compañeras, Brisa colabora con la ONG Plan Internacional y forma parte de la campaña 'Por ser niña', que muestra la brecha de género aún latente hoy en día.

   Por ello, la celebración del 'Día Internacional de la Niña', el 11 de octubre, goza de una importancia especial en Iberoamérica, una región donde la desigualdad entre las mujeres y los hombres está presente en todos los rangos de edad y sectores de la sociedad.

   De hecho, Brisa confesó que era su propia madre la que "pensaba que las mujeres somos menos", una idea que se le inculca a muchas de estas menores desde pequeñas.

   En la actualidad, esta nicaragüense que sueña con ser periodista, hace de consejera y apoya a adolescentes y jóvenes que han sufrido violencia. Además, trabaja con el área de consejería del Ministerio de Educación de su país y realiza un programa de radio, 'Zona 90', donde promueve el debate sobre temas sociales como prevención del embarazo, violencia intrafamiliar y salud sexual y reproductiva, entre otras temáticas.

   En este marco, la desigualdad educativa de género se presenta también como uno de los grandes retos de la región, especialmente cuando se trata de la población indígena.

   Los niveles de analfabetismo y las tasas de deserción escolar de las mujeres indígenas y rurales son más elevados que los registrados en otros sectores. Reflejo de ello es Bolivia, donde la tasa de culminación de la escuela primaria de las mujeres indígenas de zonas rurales es la mitad de la tasa correspondiente a los hombres no indígenas, mientras que en la secundaria la disparidad es aún más amplia: 23 por ciento frente a diez.

   A pesar de que la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), reitera cada año que "educar a las niñas educa a una nación", una práctica con la que "se desata un efecto dominó que cambia el mundo para mejor", esta misión no se recoge con efectividad en muchos países de Iberoamérica, donde los niveles de escolarización de las mujeres son menores que los de los hombres.

   Ejemplo de ello es Paraguay, un estado en el que muchas niñas se ven sometidas al criadazgo, una red invisible de explotación laboral de niños y adolescentes --en su mayoría mujeres--, que es popularmente respaldada.

   Según explicó una de las componentes del Departamento de Proyectos de la Fundación Baltasar Garzón (FIBGAR) Sonia Agudo Capón, a Notimérica, "el perfil habitual es el de niñas de cinco a nueve años de edad extraídas de sus hogares y enviadas a familias mejor posicionadas socialmente, donde son iniciadas en las tareas domésticas a cambio de vivienda y comida".

   Por ello, en lugares como Paraguay, Bolivia o Nicaragua, resulta imprescindible que las autoridades realicen una labor pedagógica a favor de la igualdad de género, tal y como reclaman las organizaciones internacionales.

   En este contexto, ONU Mujeres, junto con el Comité Olímpico Internacional (COI) ha llevado a cabo este año el programa 'Una victoria lleva a otra' en Brasil, cuyo objetivo es facilitar a 2.500 niñas antes de principios de 2017 talleres temáticos en los ámbitos de la pedagogía, el trabajo social y la psicología, así como "sobre el liderazgo y la autoestima, los derechos en materia de salud sexual y reproductiva, y sobre cómo poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas y planificar un futuro mejor".

   "Invertir en las niñas es una decisión correcta y a la vez inteligente, que puede tener poderosas repercusiones en todas las esferas del desarrollo e incluso de las generaciones futuras" recuerda el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon.