Actualizado 17/01/2015 15:23

Problemas con el alcohol y las drogas en adolescentes que duermen mal

Marihuana preparación en  BotanaCare, en Colorado
Foto: REUTERS

MADRID, 17 Ene. (EUROPA PRESS) -

   Un nuevo estudio ha encontrado que los problemas de sueño y las horas de sueño de los jóvenes pueden predecir una serie de problemas específicos, incluyendo entre ellos el consumo excesivo de alcohol, la conducción bajo los efectos del alcohol y el comportamiento sexual de riesgo en una muestra representativa a nivel nacional. Estos resultados se publican en la edición digital de febrero de 'Alcoholism: Clinical & Experimental Research'.

   Las dificultades para dormir y falta de sueño son comunes entre los jóvenes estadounidenses e investigaciones anteriores mostraron que la falta de sueño puede predecir problemas relacionados con el alcohol y el consumo de drogas por parte de adolescentes y adultos jóvenes en muestras de alto riesgo.

   "Las encuestas nacionales indican que el 27 por ciento de los niños en edad escolar y el 45 por ciento de los adolescentes no duermen lo suficiente", señala Maria M. Wong, profesora y directora de Formación Experimental en el Departamento de Psicología de la Universidad Estatal de Idaho, Estados Unidos.

   "Otros trabajos han demostrado que aproximadamente uno de cada diez adolescentes padece problemas para conciliar el sueño o permanecer dormido casi todos los días, o cada día, durante el último año", apunta Wong, autora de esta investigación.

   "Esta investigación es importante ya que aumenta nuestro conocimiento sobre la relación del sueño con problemas de consumo de sustancias para incluir no sólo los problemas de sueño, es decir, para conciliar el sueño y/o mantenerlo, sino también la falta de sueño, entendida como horas de sueño", añade Tim Roehrs, director de Investigación del Centro de Trastornos del Sueño en el Hospital Henry Ford, y uno de los primeros científicos en identificar la insuficiencia de sueño como un problema clínico en la década de 1990.

   "Entre los adultos normales, las dificultades para dormir y el insomnio han predicho el inicio del consumo de alcohol un año después y un mayor riesgo de cualquier trastorno por consumo de drogas ilícitas y dependencia de la nicotina 3,5 años después", destaca Wong.

   "Entre los alcohólicos adultos que recibieron tratamiento para la dependencia del alcohol, las personas con insomnio al inicio del análisis eran más propensas a recaer en el consumo de alcohol. La asociación entre la falta de sueño y el consumo de sustancias también se ha visto en los grupos de edad más jóvenes", explica esta experta.

   El cansancio durante la infancia predijo una menor inhibición de respuesta en la adolescencia, que a su vez indica el número de drogas ilícitas que se consumirán en la edad adulta. El cansancio en la infancia también determinó directamente la presencia de un consumo excesivo de alcohol, lipotimias, conducir después de beber alcohol y el número de problemas con el alcohol de por vida en el comienzo de la edad adulta.

   El propósito de esta investigación fue examinar si las dificultades del sueño y las horas de sueño predicen de forma prospectiva varios problemas graves relacionados con sustancias que incluyen el consumo excesivo de alcohol, la conducción bajo los efectos del alcohol y una conducta sexual de riesgo.

   Wong y sus coautores analizaron los datos recogidos a través de entrevistas y cuestionarios a 6.504 adolescentes (52 por ciento niñas y 48 por ciento niños) que participan en el Estudio Nacional Longitudinal de Salud Adolescente y recogieron los datos durante tres olas, 1994-1995, 1996 y 2001-2002.

   "Las dificultades para dormir en la primera ola predijeron significativamente los problemas interpersonales relacionados con el alcohol, el consumo excesivo de alcohol, las borracheras, la conducción bajo los efectos del alcohol, llegar a una situación sexual por la bebida de la que se arrepienten más tarde, y consumir cualquiera droga ilícita y los problemas relacionados con las drogas, en la segunda ola", detalla Wong.

   "Los problemas relacionados con sustancias como el consumo excesivo de alcohol, la conducción bajo los efectos del alcohol y la conducta sexual de riesgo son más importantes que otros debido a su asociación con la conducción temeraria, accidentes automovilísticos, lesiones físicas e, incluso, la muerte, así como el riesgo de enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados", añade.

   "La tasa de problemas de sueño en esta muestra de adolescentes es bastante similar a la de los adultos --resalta Roehrs-- Un 10 por ciento el insomnio crónico y un 30 por ciento el insomnio ocasional, lo que indica la base biológica subyacente del insomnio. Por otra parte, las consecuencias de las dificultades para dormir y la insuficiencia de sueño cuando se suman al uso de alcohol u otras sustancias pueden afectar tanto a áreas médicas como de comportamiento, como un accidente automovilístico o la reducción de futuras oportunidades de trabajo por perder la implicación en la formación".

   "Estudios previos sobre adolescentes han sido extraídos en su mayoría a partir de muestras de alto riesgo --subraya Wong--. Este análisis se suma a la literatura existente al establecer la relación entre dos variables del sueño, dificultades para dormir y las horas de sueño, y las probabilidades de graves problemas con el alcohol y las drogas en una muestra representativa a nivel nacional".

   Tanto Wong como Roehrs creen que los padres pueden desempeñar un papel importante en cuanto a los hábitos de sueño de los adolescentes. "Los padres necesitan conocer los horarios, patrones y hábitos de sueño de sus hijos --apunta Wong--. Si los niños sufren dificultades para dormir o mala higiene del sueño, es importante que los padres hablen con ellos y averigüen los factores que pueden estar causando los problemas".

   "Los padres podrían explicar la importancia del sueño a sus hijos, por ejemplo, cómo el sueño puede afectar al desarrollo del cerebro y, por lo tanto, el autocontrol y comportamiento. Además, podrían ayudar a sus niños a mantener un horario regular de sueño y monitorizar/controlar las actividades de sus hijos antes de dormir, por ejemplo, sin videojuegos o mensajes de texto después de cierta hora por la noche", aconseja.

   En este sentido, Roehrs apunta a los progenitores que al supervisar la salud del sueño de su hijo adolescente, puede haber dos cuestiones diferentes: dificultad para dormir y falta de sueño. Wong espera que las futuras investigaciones aborden cómo ambos temas pueden afectar a los mecanismos del cerebro, que a su vez influyen en el control y los procesos cognitivos y de comportamiento.

   "Los periodos prolongados de vigilia parecen afectar negativamente en la corteza prefrontal o PFC -subraya esta experta--. PFC regula el afecto, la atención y las actividades cognitivas complejas. Un estudio reciente mostró que los sujetos con falta de sueño experimentaron una pérdida de conectividad funcional entre la amígdala y el PFC medio en comparación con los controles. De este modo, los futuros estudios podrían examinar cómo los circuitos neurales median en el efecto de los problemas de sueño en la autorregulación y los comportamientos de riesgo".

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