18 de junio de 2016

Ratas, drogas y hambre, la vida en 'el Bronx' según un policía infiltrado

Ratas, drogas y hambre, la vida en 'el Bronx' según un policía infiltrado
REUTERS

BOGOTÁ, 18 Jun. (Notimérica) -

Conocido bajo el sobrenombre de 'el Bronx', la zona comprendida entre el sector de los Mártires y la Plaza de España (en Bogotá), poco tiene que envidiar a su homólogo estadounidense en peligrosidad y criminalidad, siendo el principal reducto de Colombia para las actividades ilícitas, como el narcotráfico o la prostitución.

Desde la trata de personas, hasta las mutilaciones o los asesinatos, todo era posible en este pequeño sector de la capital, donde convivían por igual mafias, indigentes y drogadictos. Una situación que acabó el pasado 28 de mayo con una intervención policial.

En la actualidad, la administración local de Bogotá ha prometido recuperar la zona --al igual que ya hizo con la calle 'El Cartucho'--, aunque todo parece indicar que el proceso será costoso y requerirá de varios meses.

En total, más de 2.500 agentes rodearon 'el Bronx' y expulsaron a sus habitantes a finales de mayo, generando una ola de descontento y protestas por parte de aquellos que renunciaron a las ayudas estatales a cambio de poder seguir viviendo en la zona.

No obstante y a pesar del gran operativo desplegado, la operación no habría sido posible sin la ayuda de varios agentes infiltrados en las mafias y pandillas, que convivieron durante meses con los delincuentes para lograr la desarticulación de los grupos criminales.

Uno de estos policías, que se encuentra detrás de la identificación Teodilio Arango, alias 'Teo', y de Rónald Rodríguez, alias el 'Flaco' --sicarios del grupo Mosco--, narró su historia al diario local 'El Espectador', contando con detalles cómo fueron los dos meses que pasó en 'el Bronx'.

"ES TU TRABAJO"

El agente explica cómo, a pesar de su miedo a los roedores, tuvo que acostumbrarse al gigantesco tamaño de las ratas de la zona, que se acurrucaban cerca de los indigentes para "conseguir calor", ha destacado.

"Yo les tengo miedo a los roedores, pero en los dos meses que estuve infiltrado en 'el Bronx' tuve que superarlo, porque allá las ratas parecían conejos y no le tenían miedo a la gente", ha detallado el policía.

Al ser preguntado por su carrera profesional y sobre su selección para esta misión, el agente se ha mostrado resignado y ha explicado que "no es que quisiera meterse allí", pero que es su trabajo.

"Me seleccionaron por mi perfil, porque tengo 28 años y no aparento mi edad, lo que me ha servido para ingresar en muchos grupos sociales, incluso en barras. Mi misión era individualizar a los objetivos, a los cabecillas, reconocerlos para luego tomarles fotos", ha recogido el diario.

INICIO DE LA OPERACIÓN

El agente inició su servicio en 'el Bronx' el pasado 19 de febrero, con ropa de calle --pantalones y zapatillas-- y con cerca de 1.500 dólares en el bolsillo, que debía usar para toda la misión.

"Me inventé mi historia: que yo era ladrón, que vivía en Las Cruces pero me acababa de ir de mi casa y que estaba empezando con el bazuco", ha explicado el policía.

Durante dos semanas, el agente comenzó a ganarse progresivamente la confianza de los locales que, incluso, le daban consejos sobre el trapicheo.

"La clave fue la adaptabilidad. Yo me adapto rápidamente a lo que tengo al frente. Si estoy con universitarios, hablo como ellos, actuó como ellos; si estoy entre ñeros --'indigente' de forma despectiva--, como les dicen, también", ha señalado el colombiano.

Para pasar desapercibido entre los locales, el policía mantuvo su aspecto descuidado: con la ropa y manos sucias. "A uno lo pueden descubrir por tener la ropa interior limpia", explica el policía.

"HAY QUE OLVIDARSE DE TU OTRA VIDA"

Bajo el mote del 'loco que canta', el agente pasó desapercibido entre los locales, pero también entre la policía que, ocasionalmente, se acercaba para requisarle la mercancía. "Yo era el loco que canta", así me reconocían", destaca.

"Me tocaba fumar papel picado cuando tenía a mis compañeros encima y cuando estaban cerca, fumaba tabaco, echando el humo hacia otro lado para que pensarán que era marihuana, ya que su humo es más espeso".

El ambiente festivo, con música resonando las 24 horas, el frío del asfalto durante las noches, el mal olor y las pésimas condiciones sanitarias afectaron en gran medida al policía, que no conseguía conciliar el sueño durante la mayor parte de las noches.

Tal y como ha declarado, lo que más complicó su estancia en 'el Bronx' fue la alimentación. "Al principio mis compañeros policías me compraban comida y me lo dejaban en una bolsa entre la basura", detalla.

"Además de sobrevivir, tenía que hacer mi trabajo. Yo reconocía a los cabecillas de las bandas y llamaba a mis compañeros desde una cabina telefónica (...) lo hice como cinco veces mientras que estuve en 'el Bronx'".

"En los últimos días no dormía, trabajaba todo el tiempo y cuando logré mi objetivo comencé con el proceso de salida (...) el más feliz, porque todo es brutal allí. El día del operativo me sentí satisfecho", ha concluido el agente.