21 de noviembre de 2015

Los refugiados sirios sustituyen el miedo por esperanza al llegar a EEUU

   SACRAMENTO (EEUU) 21 (Reuters/Notimérica)

   El refugiado sirio Mohammad Abd Rabboh comparte un pequeño apartamento de dos habitaciones en Sacramento (Estados Unidos) con su esposa y sus dos hijas. Esta familia tiene muy pocas posesiones materiales, pero finalmente pueden vivir sin estar pendientes del miedo.

   Seis semanas después de llegar a Estados Unidos, las niñas ya se han inscrito en una escuela y no tienen pesadillas por las nohes. Su madre, Dania, tampoco tiene medio de salir a la calle, una realidad con la que había vivido durante muchos años.

   "Fuimos testigos de cosas que son difíciles de describir", ha declarado a Reuters Rabboh, de 36 años, hablando en árabe a través de un intérprete. "Uno caminaba por la calle y alguien caía muerto a su lado", ha agregado.

   La historia de esta familia podría pasar desapercibida después de que la semana pasada un grupo de yihadistas llevaran a cabo un atentado en París y dejaran al menos 130 muertos. Una de las hipótesis que se barajó fue que uno de los terroristas habría llegado a Europa escondido entre el flujo de refugiados sirios.

   No obstante, la experiencia de esta familia, de terror y de peligro en su país y luego de alivio y seguridad en Estados Unidos, es un claro ejemplo de la situación por la que pasan los refugiados, según han señalado expertos en migración.

   La familia Rabboh pertenece a un pequeño grupo de unos 1.700 refugiados sirios que fueron admitidos en Estados Unidos. El presidente Barack Obama ha prometido dar refugio a 10.000 sirios el próximo año tras la llegada de cientos de miles de ellos a Europa escapando de la guerra civil que se desarrolla en el país y a la que se ha unido, el avance del grupo terrorista Estados Islámico.

   Los gobernadores de unos 26 estados, en su mayoría republicanos, han declarado que no aceptarán más sirios, citando motivos de seguridad.

   Las diferentes agencias de ayuda están preocupadas por la situación y por si esto hará que algunas partes del país no sean hospitalarias con los refugiados que llegan escapando de la violencia.

   Kamal Mahrous, que llegó con su familia a Houston desde Damasco en enero tras estar un año en Egipto y pasar por un control de seguridad del FBI, dice que ser musulmán no es sinónimo de pertenecer al Estado Islámico o a Al Qaeda.

"Somos sirios. No somos ISIS (acrónimo en inglés de Estado Islámico), ni el frente Al-Nusra, ni el régimen de Assad, somos simplemente personas", ha afirmado Mahrous.

SIN PESADILLAS

   La familia Rabboh abandonó su hogar en la asediada ciudad de Homs, en el oeste de Siria, hace más de tres años, en medio de una violencia devastadora, para comenzar lo que califican de "años de sufrimientos" en Jordania antes que una agencia de ayuda los llevara a Sacramento el 29 de septiembre.

   El departamento en el que ahora viven tiene un sofá pequeño y otro de dos plazas, una mesa y tres camas, dos de ellas en la habitación de Sally, de 7 años, y Leen, de 5.

   Sally ya está aprendiendo inglés y dice que cuando sea adulta quiere ser doctora. Sus padres cuentan que durante cuatro años se despertaba llorando por las noches y se orinaba por el miedo. Dos semanas después de que la familia llegara a Estados Unidos, las pesadillas terminaron, al igual que las camas mojadas.

   "Aquí se siente mejor, a salvo", dijo Dania, de 29 años. Leem, cuyo nombre significa "suave" en árabe, era demasiado pequeña para recordar el temor y la violencia de Homs.

   La pequeña comunidad de sirios en Sacramento trabaja para integrar a la familia Rabboh en la ciudad. La capital de California, un área metropolitana de unas 2 millones de personas, ha acogido a más de 1.000 refugiados durante el último año, la mayoría de Irak y Afganistán.

   Las 15 familias de origen sirio que ya vivían en Sacramento cuando la crisis migratoria comenzó han estado trabajando con las comunidades musulmanas y de Oriente Medio para encontrar apartamentos y donar muebles y ropas a los refugiados, según ha comentado un médico nacido en Siria que ayuda a que los recién llegados se adapten al nuevo ambiente.

   Una vez ubicados, afrontan desafíos mucho mayores que aprender inglés y buscar trabajo, dijo el médico, que pidió ser identificado solamente como Mohammad Jaber, sus dos primeros nombres, por temor a lo que pueda pasarle a sus familiares en Siria.

   Mientas ayuda a que otros se adapten, no puede dejar de pensar en su hermano, que sigue en Siria con sus dos hijos pequeños y busca sacar a su familia del asolado país.