13 de septiembre de 2015

Un restaurante mexicano muestra la cultura de Oaxaca a los neoyorkinos

NUEVA YORK, 13 Sep. (Notimex/Notimérica) -

La cocinera Natalia Méndez emigró cuando tenía 20 años, dispuesta a trabajar durante un año en Estados Unidos y volver a su pueblo en el Estado de Oaxaca pero, ahora, casi tres décadas más tarde, ha hecho posible con su cocina exactamente lo contrario: traer su cultura a Nueva York.

Méndez ha creado con sus guisos, muy similares a los que sus abuelas cocinaban para ella, un restaurante singular en Nueva York. Un rincón en el Bronx donde se ofrecen seis variedades de moles típicos de la zona de la Baja Mixteca.

La Morada, como se llama el negocio de Méndez y su familia, ha servido estos moles al alcalde de Nueva York, Bill de Blasio y a la líder del Consejo Municipal de la Ciudad, Melissa Mark-Viverito, aunque para ellos cada cliente vale exactamente lo mismo.

"Algunos de mis clientes me dicen que saque fotos a las personas famosas que vienen a comer, y que las cuelgue en las paredes, pero para mí todos los clientes son igualmente importantes", refirió Méndez, que disfruta al conversar con sus clientes casi tanto como de cocinar.

Los platos del lugar, entre los que se incluyen tacos y enchiladas, destacan por su sutil sabor y el uso de mole blanco y el intenso mole del oaxaqueño.

Los moles de Méndez han sido objeto de las reseñas y recomendaciones más entusiastas de la exigente y cosmopolita crítica neoyorquina, y La Morada ha sido tema recurrente de piezas periodísticas. Lo importante es, por supuesto, la comida, aunque también resalta la calidez de su creadora.

"Sus platos tienen el sabor de la comida de alguien que te ha mirado a los ojos", escribió la crítica del diario 'The New York Times', Ligaya Mishan, que concedió a La Morada su sello como recomendación oficial.

APRENDER A COCINAR.

"Siempre comparto con las personas que me preguntan las recetas de mi comida. Les digo: si quieres aprender, aprende, y les dejo cocinar conmigo para que vean. La filosofía es que, al igual que al guitarrista Santana, lo de él le pertenece a él, aunque otros conozcan las notas", explicó Méndez.

Para ella, las recetas que aprendió de sus abuelas, ahora fallecidas, y de su madre, son bienes culturales que le pertenecen al pueblo de donde todas ellas son originarias, San Miguel Ahuehuetitlán y, finalmente, como patrimonio universal, también a toda la humanidad.

"Yo pienso que lo que nos concedió Dios a mi y a mi familia en cuanto a la cocina es una gracia que debe compartirse, y que ha hecho feliz a muchas personas, que conocen debido a eso un poco de la auténtica comida de Oaxaca", puntualizó Méndez.

La Morada, abierto en 2009 como un negocio creado por Méndez y su esposo, Marco Saavedra, y en el que trabajan los tres hijos del matrimonio, copia las recetas que sus ancestros hacían sin ningún coste, mediante cooperación popular, en todas las fiestas de Ahuehuetitlán.

Su éxito es tal que durante el almuerzo y las cenas el sitio se encuentra completamente lleno, tanto de personas del barrio como de oficinistas de Manhattan, pese a que el establecimiento está ubicado en un barrio lejos del radar de los amantes de la cocina de Nueva York: el sur del Bronx.

El negocio de Marco Saavedra, de importación de ingredientes de comida mexicana para Nueva York, ha facilitado que Méndez tenga un flujo constante de productos de Oaxaca, como el chile habanero o manzano.

NUEVAS SUCURSALES.

Esa capacidad de La Morada de mantener una continua calidad ha hecho que docenas de clientes les pidan considerar abrir más sucursales de este restaurante en otras zonas de la ciudad, como Manhattan o Brooklyn, donde se ubican los circuitos típicos de los sibaritas neoyorquinos.

Además, empresarios le han propuesto a Méndez y a su familia expandir el negocio, bajo las condiciones que ella marque, a cambio de contar con sus recetas y su nombre. Para muchos, la decisión sería obvia.

Para Méndez y su familia, sin embargo, la cuestión no es el dinero. Ellos comparten un don y una responsabilidad: ofrecer a otros los sabores típicos de Ahuehuetitlán, un pueblo cuyos sabores recrean plato a plato en Nueva York.