16 de abril de 2020

Más cerca de acabar con los antojos de azúcar ...y reducir la obesidad y diabetes

Más cerca de acabar con los antojos de azúcar ...y reducir la obesidad y diabetes
Un estudio apunta a caminos prometedores para minimizar los antojos de azúcar y - PIXABAY - ARCHIVO

MADRID, 16 Abr. (EUROPA PRESS) -

Una nueva investigación pionera de la Universidad de Columbia en ratones ha identificado un mecanismo cerebral que puede explicar el impulso por comer azúcar y apunta a caminos prometedores para minimizar los antojos de azúcar y posiblemente ayudar a reducir la obesidad y diabetes.

En un principio científico, los investigadores han demostrado que el cerebro responde no solo cuando el azúcar toca la lengua sino también cuando entra al intestino. Su descubrimiento de este circuito especializado intestino-cerebro ofrece una nueva visión de la forma en que el cerebro y el cuerpo evolucionaron para buscar azúcar.

Y debido a que los edulcorantes artificiales no activan este circuito, el estudio también ofrece evidencia convincente de por qué estos edulcorantes nunca son tan satisfactorios como los reales.

Los hallazgos, publicados en la revista 'Nature', tienen un impacto positivo sustancial en la salud pública. El consumo excesivo de azúcar se ha relacionado con afecciones relacionadas con la obesidad, como la diabetes, que afecta a más de 500 millones de personas en todo el mundo. Al sentar las bases para nuevas formas de modificar este circuito intestino-cerebro, esta investigación ofrece nuevos caminos prometedores para reducir el consumo excesivo de azúcar.

"Cuando bebemos refrescos de dieta o usamos edulcorantes en el café pueden tener un sabor similar, pero nuestros cerebros pueden notar la diferencia --reconoce Hwei-Ee Tan, el coautor del artículo que completó su investigación doctoral en el laboratorio de Charles Zuker, Doctorado, en el Instituto Zuckerman de Columbia--. El descubrimiento de este circuito especializado cerebro-intestino que responde al azúcar, y solo al azúcar, podría allanar el camino para los edulcorantes que no solo engañan nuestra lengua sino también nuestro cerebro".

El estudio dirigido por el doctor Zuker se basa en décadas de trabajo de él y su laboratorio para mapear el sistema de sabor del cerebro.

Cuando la lengua encuentra un sabor (dulce, amargo, salado, agrio o umami), las células especializadas en la lengua llamadas receptores del gusto envían señales cableadas al cerebro. Los edulcorantes artificiales, como NutraSweet y Stevia, funcionan apropiándose de estas señales cableadas. Encienden los receptores de sabor dulce para engañar al cerebro haciéndole creer que el azúcar ha caído en la lengua.

Cuando los receptores de sabor dulce se eliminan en ratones, lo que debería haber eliminado el deseo de los animales de algo dulce, los animales aún muestran preferencia por el azúcar. El objetivo del equipo de investigación era descubrir por qué y cómo, y descubrir las bases neuronales de nuestro insaciable deseo por el azúcar.

El equipo de Columbia se centró en un área del cerebro llamada núcleo caudal del tracto solitario, o cNST. El cNST está escondido dentro del tronco encefálico, el área más primitiva del cerebro.

"Descubrimos que el cNST se iluminó con actividad cuando pasamos por alto los receptores de sabor dulce en las lenguas de los animales y entregamos azúcar directamente al intestino --explica Alexander Sisti, coprimer autor del artículo que también completó su investigación doctoral en el laboratorio Zuker--. Algo transmitía una señal que indicaba la presencia de azúcar desde el intestino hasta el cerebro".

El equipo de investigación luego dirigió su atención al nervio vago, un conocido conducto entre el cerebro y los órganos internos del cuerpo.

En una serie de experimentos en ratones, los científicos desarrollaron técnicas para controlar la actividad en tiempo real de las células en el nervio vago. El equipo observó cómo la actividad de estas células cambiaba cuando se entregaba azúcar al intestino de los animales.

"Al registrar la actividad de las células cerebrales en el nervio vago, identificamos un grupo de células en el nervio vago que responden al azúcar --añade el doctor Sisti--. Vimos, por primera vez, la detección de azúcar a través de esta vía directa desde el intestino hasta el cerebro".

Otros experimentos revelaron el circuito con mayor detalle. La inhibición de una proteína específica de transporte de azúcar en el intestino eliminó la respuesta neural de los animales al azúcar, lo que demuestra que esta proteína, llamada SGLT-1, es un sensor clave que transmite la presencia de azúcar desde el intestino al cerebro a través de lo que se conoce como eje intestino-cerebro.

En una predicción clave de este estudio, el equipo demostró que silenciar este circuito intestino-cerebro elimina por completo el deseo de los animales y la preferencia por el azúcar, lo que demuestra cómo controlar la función de este circuito puede afectar drásticamente el deseo de azúcar del animal.

En uno de sus últimos experimentos, los investigadores también activaron las células cerebrales que normalmente responden a las señales de azúcar del intestino. Esta vez, sin embargo, activaron estas células cada vez que el animal consumió una bebida sin azúcar, esencialmente apropiándose de este circuito. Sorprendentemente, según el doctor Zuker, los animales actuaban como si estuvieran obteniendo azúcar de verdad. En efecto, engañando al cerebro para que responda como si estuviera consumiendo azúcar.

Tomados en conjunto, estos hallazgos demuestran la existencia de dos sistemas complementarios, aunque independientes, para detectar el azúcar rico en energía, uno que recibe información de la lengua y el otro del intestino.

"Estos hallazgos podrían estimular el desarrollo de estrategias más efectivas para reducir significativamente nuestro impulso insaciable de azúcar, desde la modulación de varios componentes de este circuito hasta posibles sustitutos del azúcar que imitan más de cerca la forma en que el azúcar actúa en el cerebro", señala Tan.

En el futuro, el equipo planea vincular el eje intestino-cerebro con otros circuitos cerebrales, incluidos aquellos involucrados en la recompensa, la alimentación y las emociones.